miércoles, 31 de mayo de 2017

Fruna o el abajismo como narcisismo

Debido a la triste noticia del suicidio de Rolando Venegas, consecuencia del acoso laboral, y la muerte de su compañero de trabajo producto de un ataque cardiaco al enterarse de lo sucedido, Fruna hoy en día está en tela de juicio. Lo que parece ser una práctica común en el mundo laboral causó revuelo no menor en redes sociales. “¿Pero cómo, si Fruna es la marca del pueblo?”, “Nunca me lo esperé de Fruna”, o incluso cuando sabemos que esto no fue un error la cosa se pone peor: “Nos rompiste el corazón Fruna”. Estas frases vienen por lo general de jóvenes abajistas.

Primero que nada hay que puntualizar algo. ¿Qué es un abajista?

Durante toda mi vida escuché sobre el arribismo. Gente que aspiraba a tener mejores condiciones de vida, no tratando de aspirar a grandes puestos ni ganar sueldos millonarios, sino tapando su pobreza y su realidad con una identificación con las clases altas. El abajismo podría considerarse algo análogo. El abajista por lo general es de una clase social alta, pero a medida que su conciencia de clase aumentaba por el entorno en el que estaba (generalmente universidades), esto producía un conflicto con quién era. Era una persona de clase alta, pero para no sentirse explotador y no llegar al punto de ser un desclasado en toda la regla, creó una identidad que conciliara esto. Empezó a vestirse, hablar y pensar como pueblo, pero sin serlo e incluso sin que le importasen mucho las luchas sociales de la clase con la que quería identificarse. Pero había un factor que hacía falta, y es su relación con los objetos de consumo. Música, sitios web, pero lo más importante: las experiencias conjuntas.

Las experiencias conjuntas son algo fundamental para ellos, y el factor nostalgia se volvió importante. Fruna por lo general vendía productos más baratos que Marinela o Evercrisp, y esto indicaba algo. Si Fruna era más accesible, más barato, entonces quienes accedían mayoritariamente a este producto debían de ser la clase trabajadora y el joven abajista así lo comprendió. A esto le sumó lo nacionalista, si era chileno significaba un deber con “lo nuestro”, y que fuesen malas copias de productos extranjeros le agregaba un factor de identidad mucho mayor.

Noesnalaferia se convirtió en un baluarte del abajismo, de la identificación con lo “popular” porque condensaba los sentimientos antes expuestos. Y el factor nostalgia jugó mucho en su popularidad, porque la nostalgia es un sentimiento fuerte cuando el capitalismo sabe manejarlo, de ahí que hoy en día en la cultura pop lo que más se ve es el reciclaje de lo nostálgico. Noesnalaferia promocionó la imagen de Fruna como una marca popular y patrimonio de los pobres. Patrimonio que exigía el deber moral de consumir dichos productos. 


Y es cosa de revisar a Noesnalaferia y los escritos que tratan de conciliar una identidad conflictiva. Para ellos Cristobal Briceño representa lo popular sólo porque no quieren problematizar su gusto. Sin embargo una persona que salió del Grange School nunca entrará en la categoría de lo popular. Y ahora con Fruna pasa lo mismo. Sin centrarse sólo en Noesnalafería, sitios como Loserpower o Así tal cual también levantaron esta imagen de Fruna como lo popular. Es cosa de leer sus propias palabras de reverencia a una marca y cómo establecieron un fetichismo identitario para no sentirse menos “pueblo”.

“este homenaje va porque Fruna es más que simplemente una fábrica de dulces baratos y de dudosa reputación, sino que ya está en la retina de cada uno de los chilenos de barrio, de nosotros los segundo quintil, a los que no nos alcanzaba pa comprarnos algo en el LIDER, pero que siempre contamos con fruna de nuestro lado. Como dije, el “Willy Wonka” del pueblo, pero con todo mérito en nuestros corazones”.[1]

A esto, antiguamente se le llamaba chupamedias. A la “gente de a pie” no le interesa ir por ahí identificándose con cualquier marca que se le pone en frente, quizás sienta nostalgia pero no hace de ella un circo. Lo que menos le preocupa a la gente al consumir, a la clase trabajadora, es si le va a rendir a fin de mes o si lo que consume no le va a dar una enfermedad.
 

Nicofruna, el Willy Wonka chileno es el que mejor aprovecha este sentimiento, porque le produce una rentabilidad fabulosa. Después de todo fue este abajismo e identificación con los productos de la empresa de su padre los que le trajeron el segundo aire a Fruna.

No importa cuánto te gusten los cubanitos de Fruna, la Báltica o cualquier producto que tomes como parte de tu identidad deficiente. No existen marcas del pueblo, no existen empresas que representan lo popular. Tu fanatismo por Báltica, Fruna, Antillanca o cualquier marca, significa sólo una cosa para CCU o Fruna: publicidad. Y mientras sitios como Noesnalaferia le hacen “odas” a empresas negreras, las condiciones de explotación laboral siguen. Quienes trabajan hoy en día no se sienten menos oprimidos después destapar una “cerveza del pueblo” o una Frunacola, quizás ni siquiera tienen el tiempo para salir un día de semana o temen que esa mierda les de diabetes.

Díganle lo grandioso de Fruna y lo popular que es a la persona que no encontró nada mejor que colgarse porque su vida laboral era un calvario o en su defecto a su esposa que también trabaja ahí y debe lidiar con Nicofruna y los negreros que tiene de supervisores, quienes le quitaron a la persona que amaba. Apuesto que le va a parecer genial, incluso les servirá un par de Frunacola para conversarlo.

¿Cuál es el problema con el abajismo? Que poner en un pedestal a una marca, sea la que sea, imposibilita ver las condiciones de explotación de fondo y solamente le es útil a los abajistas por una necesidad narcisista, de querer conciliar sus contradicciones de identidad. Ninguna empresa capitalista por muy linda que nos haga creer que es está exenta de la explotación. El abajismo ha creado de las marcas un fetiche, haciendo que nos fijemos más en los productos que en la gente que los produce.

Para la risa y para el enojo, les invito a leer estos anexos:

Fruna, realmente nos partiste el corazón


Los muertos de Fruna: El prontuario laboral de la popular empresa de confites
 



Diezcorrientes


  [1] Oda a Fruna, el “Willy Wonka” del pueblo

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